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No dejar para mañana...De: Gustavo Tobon London EN el último número de la revista Finanzas y Desarrollo,
del FMI, aparece un interesante artículo sobre los efectos económicos
que se derivan del envejecimiento de la población económicamente activa
en Japón. La composición de la población está variando debido a la
reducción de la tasa de fecundidad, lo que significa menos nacimientos
por mujer, al menor número de jóvenes en edad de trabajar, y al aumento
de las personas de la tercera edad, que esperan su retiro y jubilación. Todo esto está ocurriendo en un contexto de crisis económica,
que en los últimos años ha obligado a las autoridades a otorgar diversos
estímulos para la reactivación de la economía y a asumir obligaciones
de entidades financieras que se quebraron en la crisis. El problema fiscal
es delicado por el tamaño del déficit y puede empeorar en el futuro.
Entre otras razones, por la presión sobre los pagos de seguridad social.
No tienen una bomba pensional como la nuestra, pero son conscientes de que
debe disminuirse la presión sobre el gasto público, para que la economía
no entre en el futuro, en una barrera imparable. El sistema de pensiones está en superávit y los activos
que controla equivalen a un 50% del PIB japonés. Sin embargo, en el
cercano futuro, el aumento de las obligaciones de seguridad social, como
el pago de pensiones y los gastos en salud, podrán hacer cambiar la
situación, hacia una preocupante deficitaria. Y quieren anticiparse a un
descalabro, con efectos sociales demoledores. Por eso en el mes de marzo
del año pasado el Parlamento aprobó una reforma que redujo las
prestaciones de los futuros jubilados, aumentó en forma progresiva la
edad de jubilación, para llegar a 65 años, e indexó las prestaciones en
función del índice de precios al consumidor. A pesar de todo esto y de
que el Estado transferirá recursos para pagar las pensiones, se está
pensando en aumentar los aportes, para evitar el agotamiento de los
recursos y un infarto en la atención a la salud y a los jubilados. Son
reformas duras, pero necesarias. Si por Japón llueve, por aquí no escampa. Nuestra
situación es mucho peor que la comentada, pues según lo afirman las
autoridades, en unos 5 u 8 años, las reservas del Instituto de los
Seguros Sociales se acabarán y no habrá con qué pagarle a los
pensionados. Será el derrumbe de la seguridad social y sus consecuencias
podrían ser apocalípticas. Además, lo que aumenta la gravedad del
problema, solamente 1 de cada 3 adultos en Colombia, recibe una pensión,
los recursos fiscales son limitados y la deuda actual es de un tamaño
equivalente a 2 veces el PIB. Es, verdaderamente, una situación crítica
e insostenible. Una bomba de tiempo, como se ha dicho. A pesar de ello las reformas estructurales necesarias no
se hacen. Se han venido aplazando y enredando en los hilos de los
intereses particulares y de grupo. A los pocos privilegiados, solo les
interesan sus privilegios y no caen en la cuenta de que el sistema debe
salvarse, para cumplir con los que ya dependen de él y para aumentar su
cobertura. Se necesita urgentemente la aprobación de la reforma. Es una
cuestión de supervivencia de la seguridad social y de la economía
nacional. Y la responsabilidad es grande para el Gobierno, el Congreso,
los empresarios y los sindicatos. |