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No dejar para mañana... 

De: Gustavo Tobon London
El Pais, May 25, 2001

EN el último número de la revista Finanzas y Desarrollo, del FMI, aparece un interesante artículo sobre los efectos económicos que se derivan del envejecimiento de la población económicamente activa en Japón. La composición de la población está variando debido a la reducción de la tasa de fecundidad, lo que significa menos nacimientos por mujer, al menor número de jóvenes en edad de trabajar, y al aumento de las personas de la tercera edad, que esperan su retiro y jubilación. 

Todo esto está ocurriendo en un contexto de crisis económica, que en los últimos años ha obligado a las autoridades a otorgar diversos estímulos para la reactivación de la economía y a asumir obligaciones de entidades financieras que se quebraron en la crisis. El problema fiscal es delicado por el tamaño del déficit y puede empeorar en el futuro. Entre otras razones, por la presión sobre los pagos de seguridad social. No tienen una bomba pensional como la nuestra, pero son conscientes de que debe disminuirse la presión sobre el gasto público, para que la economía no entre en el futuro, en una barrera imparable. 

El sistema de pensiones está en superávit y los activos que controla equivalen a un 50% del PIB japonés. Sin embargo, en el cercano futuro, el aumento de las obligaciones de seguridad social, como el pago de pensiones y los gastos en salud, podrán hacer cambiar la situación, hacia una preocupante deficitaria. Y quieren anticiparse a un descalabro, con efectos sociales demoledores. Por eso en el mes de marzo del año pasado el Parlamento aprobó una reforma que redujo las prestaciones de los futuros jubilados, aumentó en forma progresiva la edad de jubilación, para llegar a 65 años, e indexó las prestaciones en función del índice de precios al consumidor. A pesar de todo esto y de que el Estado transferirá recursos para pagar las pensiones, se está pensando en aumentar los aportes, para evitar el agotamiento de los recursos y un infarto en la atención a la salud y a los jubilados. Son reformas duras, pero necesarias. 

Si por Japón llueve, por aquí no escampa. Nuestra situación es mucho peor que la comentada, pues según lo afirman las autoridades, en unos 5 u 8 años, las reservas del Instituto de los Seguros Sociales se acabarán y no habrá con qué pagarle a los pensionados. Será el derrumbe de la seguridad social y sus consecuencias podrían ser apocalípticas. Además, lo que aumenta la gravedad del problema, solamente 1 de cada 3 adultos en Colombia, recibe una pensión, los recursos fiscales son limitados y la deuda actual es de un tamaño equivalente a 2 veces el PIB. Es, verdaderamente, una situación crítica e insostenible. Una bomba de tiempo, como se ha dicho. 

A pesar de ello las reformas estructurales necesarias no se hacen. Se han venido aplazando y enredando en los hilos de los intereses particulares y de grupo. A los pocos privilegiados, solo les interesan sus privilegios y no caen en la cuenta de que el sistema debe salvarse, para cumplir con los que ya dependen de él y para aumentar su cobertura. Se necesita urgentemente la aprobación de la reforma. Es una cuestión de supervivencia de la seguridad social y de la economía nacional. Y la responsabilidad es grande para el Gobierno, el Congreso, los empresarios y los sindicatos. 

¿Estarán a la altura de las circunstancias?