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Encuentros en la tercera edadNuevos fármacos y estilos de vida más libres empiezan a
alargar la actividad sexual más allá de los 65 años En España hay 6.800.000 personas mayores de 65 años, la frontera en la que los sociólogos le meten a uno en el saco de la tercera edad o, simplemente, le llaman 'mayor'. Pero a esa edad, y bastante después, aún se sale, se viaja y se mantiene un nivel de actividad más que aceptable. En cuestión de relaciones sexuales, esa actividad no tiene por qué disminuir tras los primeros problemas propios de la edad. 'No es lo mismo, no puede serlo, pero el sexo no se acaba nunca'. Lo dicen Manolo Florín, de 81 años, y su mujer, Dolores Fernández, de 74, que llevan casados 49 años. Manolo afirma que, por ahora, no tiene problemas físicos que le impidan hacer nada, aunque, 'hombre, las cosas son más relajadas', advierte. Los problemas de su generación en la cama se concretan en dos. En las mujeres, el coito puede llegar a ser doloroso debido a la atrofia vaginal provocada tras la caída en la producción de estrógenos. Una terapia sustitutiva hormonal es cada vez el remedio más frecuente. Tras la menopausia, un tratamiento hormonal mantiene los niveles de producción de estrógenos. En el caso de los hombres es más complicado. Cualquier problema de la edad puede llevar a la temida disfunción eréctil. En las relaciones sexuales pueden influir problemas cardiovasculares, del sistema nervioso, problemas del aparato locomotor, insuficiencia respiratoria, deterioro cognitivo..., todo puede desembocar en una disfunción eréctil. Aproximadamente el 67% de los mayores de 65 años la padece en algún grado. Y los remedios se están modernizando. Hasta hace un par de años, los métodos contra esta dolencia eran de lo más desagradable que se puede aplicar en medicina. A saber: inyecciones intracavernosas, aparatos para alargar el pene por vacío o, en último caso, prótesis internas permanentes que se rellenaban apretando una pera. La llegada del sildenafilo, el principio activo de la popular Viagra, ha cambiado sustancialmente el tratamiento de la disfunción eréctil. Es el primer tratamiento farmacológico con un porcentaje de éxito equiparable a los otros métodos. 'Viagra es una revolución', afirma Carlos Verdrejo,
geriatra del hospital Clínico de Madrid. 'Es más, la propia publicidad
ha ayudado a empezar a acabar con el tabú del sexo. Antes, lo normal era
ni preguntar. Ahora, el que no mantiene una vida sexual normal es porque
se rinde'. En el mismo sentido, 'si en la juventud todas las patologías
sexuales tienen un origen psicológico, en la vejez son todos físicos. Es
el clásico de si los jóvenes supieran y si los viejos pudieran', es el
diagnóstico de Alfonso Cruz Jentoft, geriatra del hospital Ramón y Cajal
de Madrid, afirma que 'ahora los mayores van a más, no crecen sólo en
edad. Antes, ser mayor significaba renunciar a cosas, dejar de vivir poco
a poco. Ahora, ser mayor significa hacer cosas, cada vez más. Ha cambiado
la actitud de los ancianos, que ya no aceptan que tengan que renunciar a
nada. Hay quien no se interesa por aprender y se deprime, pero cada vez la
gente sabe más'. La paulatina 'revolución' también está poniendo de
relevancia el sexo fuera del matrimonio en los ancianos. Sin embargo, lo que ya es una revolución para los médicos, aún no ha cuajado del todo en los pacientes. Jesús Sánchez Martos, catedrático de Educación Sanitaria de la Universidad Complutense, señala que los afectados de disfunción eréctil lo siguen ocultando. Es decir, el verdadero problema de la tercera edad actual, dadas las posibilidades médicas que se han abierto, siguen siendo los prejuicios, que pueden con el deseo. 'Por ejemplo, admitir que lo tomas es admitir que no se te levanta. Y aunque con más de 60 años sea algo perfectamente comprensible, la vergüenza no desaparece'. Una encuesta realizada por Pfizer (fabricante de Viagra)
en España concluía que más del 80% de los casos de disfunción eréctil
en personas de edad avanzada no llegan nunca a la consulta del médico.
Para Sánchez Martos, 'es fundamental que los profesionales se habitúen a
hablar de sexo con sus pacientes. Los mayores de hoy día no tienen
ninguna educación sexual, son de una época en la que las prácticas
homosexuales, bisexuales o de masturbación no eran admitidas por la
sociedad ni por la mayoría de profesionales. Nunca han hablado de sexo
desde un punto de vista médico'. A Gregorio, el médico sí le ha hablado de los nuevos
tratamientos, en concreto de Viagra, pero no puede tomarla por una
arritmia cardiaca. Su mujer, María Teresa, es una abuela
extraordinariamente vital de 74 años que aún se deshace cuando escucha
Extraños en la noche, de Frank Sinatra.
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